
Las noches corren tras las estrellas, en vano para muchos casos, pues en un instante les pierden rastro alguno, y son incapaces de apagarlas con su eterna oscuridad, pero no todas las estrellas son tan veloces, ni tan brillantes y algunas se quedan atrás, son atrapadas por la noche, a merced de esta y esperando que su guardián las libere antes del amanecer. Ellas, al igual que la oscuridad, se desvisten ante el resplandor naciente del este y tiritan con el frío gélido de las mañanas de invierno. Caen una tras otra, presas de la oscuridad- su vanidad les hace ser mas lentas- cada una privada de su luz, asaltadas por la conmoción que la noche les otorga, pero sus guardianes estan dispuestos a salvarles sea cual sea el costo.
Aferrado a mis instintos, a la idea de que no debo dejarme llevar, al sentimiento de que nada puede resultar como yo deseo y a la espera de que la oscura dama me suelte de las tinieblas a las cuales me sumerge, diviso en el escaso crepúsculo a Ester, le gritó con dolor y desesperación: Vete, porfavor!!. Ella se aleja, me obedece, total estoy cumpliendo mi labor, se va para evitar que las tinieblas le devoren. Sin rumbo, ni nada mas que perder, me encojo en el vacío de la noche y espero a que alguien se acerca a mis manos para poder tocarle, para no seguir cayendo sin hacerlo. "Ten fé"; esas palabras escucho, desde algun lugar, una voz aguda me da esperanzas; una mujer me anima, y trata de hacerme entender que no todo esta perdido, me toma la mano- es fuerte- y me hace dar un par de pasos para luego soltarme, y perderse en el mas absoluto silencio, sin contestar ninguno de mis llamados.
Han pasado un par de horas, empiezo a sentir el frío subiendo por mis pies y el silencio desapareciendo de mis oídos; es el mar. La indiferencia y la desesperación me abandonan, del agua surgen bellas canciones, solo una femina voz, nada más acompaña las tonadas. Siento unos dedos fríos tocando mi rostro, y un poco de luz ilumina su hermosa cara, esta empapada y no cesa de cantar. Ahí comprendi que no vería nuevamente a Ester, que desertaría a la labor que me había otorgado el cosmos, que a partir de ahora los hombres en el mar me consultarían por la próxima tempestad y que me quedaria junto a la dama del agua hasta el inicio del crepúsculo que nunca llegaría.

